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ADIÓS A LA GOTA DE ACEITE SOBRE EL MANTEL

miércoles, 15 de julio de 2020

Escuchar hablar de Rafael Marquina no es algo habitual. La mayoría hoy lee ese nombre por primera vez, sin saber quién era o a qué se dedicaba. Comenzó realizando proyectos de arquitectura, interiorismo y mobiliario; y culminó su vida desempeñándose como escultor. Ni sus edificios ni sus esculturas llamaron demasiado la atención. Pero una creación trivial, un pequeño objeto de uso cotidiano recorrió el mundo y se coló en una infinidad de hogares. Rafael Marquina era un arquitecto catalán, un “hijo espiritual de la Bauhaus” obsesionado con la practicidad, con la simplicidad de las cosas. Fue en esa búsqueda obsesiva que a sus 40 años encontró el equilibrio perfecto entre forma y función; entonces creo su pieza más conocida: la aceitera/vinagrera antigoteo.

La aceitera no es un invento reciente, todo lo contrario, es un producto añejo. Lleva siglos fabricándose; con el tiempo cambiaron los materiales, los métodos de producción, los modelos. Pero miles de años de evolución no lograron corregir un problema compartido por las diferentes versiones: la gota de aceite que se deslizaba sin freno por el contorno exterior del envase. Hasta que, en 1961, tras años de dedos untados, envases pegajosos y manteles arruinados, Marquina decidió solucionar el problema. Su propósito: redefinir el popular objeto “aplicando los postulados de diseño moderno, de coherencia entre material, utilidad y forma”. Luego de varios prototipos que fue perfeccionando Marquina arribó al modelo definitivo.

El resultado, un recipiente de vidrio transparente con base ancha y formato cónico para que fuera estable, difícil de volcar. Pero la genialidad del objeto no estaba en su forma, sino en el vértice superior. Allí un pequeño ‘embudo’ recogía las gotas de aceite que descendían por el pico vertedor para devolverlas al contenedor principal. Y de este ingenioso modo Marquina dijo adiós a las botellas grasosas, a las manchas inevitables sobre la mesa, al desperdicio de gota tras gota de aceite. Con ese ‘embudo’ también encontró la manera de facilitar el llenado del recipiente. Después de meses de reflexión, dedicación y trabajo, el producto final cumplió sus expectativas; una pieza sencilla, atemporal, que desempeñaba una función precisa. Éxito rotundo para Marquina, porque además de resolver un dilema milenario, ese mismo año ganó el Delta de Oro al mejor diseño industrial.

En la actualidad, el famoso invento ha alcanzado los rincones más lejanos del mundo y forma parte de la vida diaria de miles de personas. Han pasado casi 60 años y la versión original continúa produciéndose en España. Del otro lado del océano, en Olivares de Casupá, buscamos rendirle homenaje al arquitecto catalán con una línea artesanal de aceiteras antigoteo fabricadas en gres e inspiradas en su icónica creación. Prueba de que un buen diseño supera el paso del tiempo.

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